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El Motor Secreto de Nuestra Sociedad de Consumo

Roxana Barreras 11/06/2012 0

“El mundo es lo suficientemente grande para satisfacer las necesidades de todos, pero siempre será mas pequeño para la avaricia de algunos” (Mahatma Gandhi 1869-1948)

Actualmente vivimos sumidos en una sociedad de innovación y consumismo, más allá de necesidades y su satisfacción, viviendo inmersos en crecientes economías, donde su objetivo esta fuertemente basado en crecer por crecer, mismas que cada tanto tienen sus crisis y como verdaderamente somos el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, no aprendemos de ellas.

Pero, ¿De donde surge semejante fenómeno?

Antes, los diseñadores e ingenieros tenían las bases éticas y profesionales en crear productos duraderos, que no se desgastaran con facilidad, pero es donde la polémica se hizo notar, ya que, como sabemos un artículo que no se desgasta es una tragedia para los negocios, puesto que si no hay a quién le falte algo, no hay a quién venderle algo, fue por ello que en los años 20 los fabricantes comenzaron a acortar la vida de los productos para aumentar las ventas, siendo entonces cuando surgió la temida y frustrante obsolescencia programada al mismo tiempo que la producción en masa y la sociedad de consumo, y como inicial victima de una larga lista de este proceso de enajenación, está la primera bombilla creada con un filamento de larga duración, que permitía mantenerla incandescente por mas de 2500 horas, pero fue solo cuestión de tiempo, para que los comerciantes se dieran cuenta de que mientras mas duraban las bombillas, menos compraban y por consiguiente sus ganancias eran inferiores, y entonces ocurrió, surgió el primer cartel internacional llamado Phoebus, según se menciona en el documental “comprar, tirar, comprar”, donde se reunieron grandes compañías internacionales como Philips, Osram, entre algunas otras, en él que se creó un acuerdo de patentes donde se repartían el mercado internacional de bombillas a mismas partes, y se estipulaba que las bombillas no podrían superar un máximo de 1000 horas de duración, de lo contrario, la empresa recibiría una fuerte penalización por el incumplimiento del contrato, y fue así como los ingenieros e investigadores tuvieron que frustrar su gran descubrimiento y en vez de mantenerlo firme debían programarlo para que fallase.

Fue así como esta historia comenzó, aunque de primera instancia no permaneció a flote durante años, fue en  1929 durante la crisis de Wall Street, la recesión económica del prominente Estados Unidos, cuando Bernard London sugirió hacer obligatoria la “obsolescencia programada”, apareciendo por primera vez con este propio nombre, mas sin embargo la idea de London no proliferó, y se quedó en solo una idea hasta los años 50 pero esta vez tomó un giro revolucionario, ya no se pretendía acortar la vida útil del producto sino acortar el tiempo que se pudiera considerar como algo innovador, seduciendo al consumidor a comprar un nuevo modelo, ya sea de un coche, mas novedoso, o mas lujoso, o un móvil con mas aplicaciones o mas caro, siempre un poco antes de lo necesario, creando en la sociedad una ansiedad por el materialismo haciendo que la obsolescencia programada dependiese del consumidor. Con esto  se arrastraron otras victimas de este proceso de consumismo, como las medias de nylon por ejemplo, realidad representada perfectamente en un clásico del cine británico de 1951, donde un químico cree encontrar la solución para la industria textil, creando una formula para elaborar un tejido que no se desgasta nunca, emocionado por ello lo publica a los 4 vientos, pero al poco tiempo los dueños de las fabricas textiles e incluso los obreros que temen por sus trabajos lo comienzan a perseguir. Acercándose mucho a las hechos verídicos ya que en 1940 ocurrió algo muy semejante en la industria textil, cuando la industria química Dupont’s, creó el producto perfecto para las mujeres de aquella época, “las medias irrompibles”  pero dicho producto desapareció mas rápido de lo que llegó, ya que los químicos de Dupont’s recibieron la orden de crear un nuevo producto, mucho mas débil que el primero, de esta manera, las medias no durarían tanto y la empresas textiles venderían mas.

En esta continuo círculo de comprar y tirar, no solo los productos duraderos y de calidad que pasaron a ser productos desechables, fueron víctimas de este inaudito fenómeno consumista de la obsolescencia programada, sino también y muy probablemente en mayor medida, sufrieron los estragos de estas economías crecientes, los países del tercer mundo, como Ghana por ejemplo. Y aunque existe un tratado internacional que prohíbe enviar desechos electrónicos al tercer mundo, los comerciantes y empresas utilizan un simple truco, declararlos como artículos de segunda mano, aunque estos no tengan arreglo alguno, yendo a parar a las montañas de desechos electrónicos, convirtiendo a lo que antes era un país en el basurero del mundo. Es cuando nos damos cuenta del verdadero impacto que estas costumbres de consumo que mas que haberlas adquirido, nos las han impuesto, comienza a causar estragos en las sociedades menos favorecidas y en el medio ambiente, existen algunas organizaciones de radicales en contra de la obsolescencia programada, una de ellas es el llamado “Decrecimiento”, al cual, sus integrante lo definen en una sola palabra, reducir, reducir nuestra huella ecológica, el despilfarro, la sobre producción y el sobreconsumismo. Tal ves esto suponga volver a la época de los años 60 o 70, donde mas que desear un nuevo coche o un nuevo móvil, desees estar más tiempo con los tuyo, crear y mantener amistades que te rindan algún fruto a futuro, e incluso se ha pensado en que las empresas tienen la capacidad para poder imitar el ciclo virtuoso de la naturaleza, donde los “desechos” nunca son desechos, sino alimento para otros organismos, de esta manera no solo existen ganancias, economías activadas y productos novedosos, sino también estaremos cuidando nuestro mundo para un futuro mejor, donde los recursos se cuiden y no basar nuestras riquezas en las frías cifras del Producto Interno Bruto de un país, como dice mi maestro de Economía Mundialpuedes tener un nos qué” pero sino cuidamos lo que tenemos y lo haces proliferar probablemente en algún momento nos quedemos sin nada para cuidar.

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